VOY A TOMAR UNA DECISIÓN

Desde que me despierto por la mañana hasta que me duermo por la noche estoy tomando decisiones, las cuales puedo englobar en distintos ámbitos ,desde el doméstico y familiar al ámbito laboral. También es distinta la dimensión: decisiones irrelevantes, como decidir que ropa me pongo hoy, a otras más importantes y difíciles, como por ejemplo decidir qué estudios quiero cursar o dónde quiero vivir. 
Y me pregunto, ¿por qué unos días se claramente lo que tengo que hacer y otros días me cuesta tanto decidirme?
 
La respuesta es la siguiente:

LAS EMOCIONES DEL MOMENTO INFLUYEN EN LA TOMA DE DECISIONES. 
Una vez que comprendo que las emociones afectan a nuestras decisiones, es necesario que me conozca a mí mism@, para saber cuales son las que me afectan y como me influyen en la manera en la que las manifiesto, tanto en mí mism@ como en los demás.
Por poner un ejemplo, se dice que no hay que ir a hacer la compra cuándo se tiene mucha hambre, porque la ansiedad que te provoca esa situación, hará que compres más cosas innecesarias que no tenías previsto.  Otro ejemplo: si hay algo que te enfada y tienes que hablarlo con  tu jef@,  pareja, hij@, padres, etc, espera a que se pase el enfado, porque así la solución a dicha decisión será más exitosa.  
Como veis, para ello es necesario que sepamos pararnos un momento y aprendamos a identificar las emociones que sentimos, y para ello es importante un análisis introspectivo de uno mim@.
 
Los estudios de investigación cada vez más, corroboran con más precisión que la toma de decisiones está más influenciada por las emociones que por la razón, y esto, lejos de lo que se creía antes, es requisito indispensable para llegar a tomar la decisión correcta. Con ello, se confirma la afirmación de Pascal “el corazón tiene razones que la razón ignora”.
 
Cuando tomamos una decisión, se producen en nuestro cerebro unas reacciones que se encargan de recordar experiencias similares ya vividas en nuestra infancia, adolescencia, vida adulta. Además tenemos nuestras propias preferencias, en cuanto a gustos personales que vamos desarrollando en función del sentimiento positivo o negativo que nos van produciendo. De este modo, reaccionamos a la emoción manifestada y tomamos una decisión. 
 
¿LAS EMOCIONES ME AYUDAN A DECIDIR?
 
Siempre me ayudan a decidir, pero no siempre son buenas consejeras. 
 














Si estoy enfadad@, la decisión que elija será demasiado brusca y visceral, con lo cual puede que consiga la meta final, pero el medio que utilizo traerá consecuencias nada positivas. 

Si estoy triste, me dejaré arrastrar por ese sentimiento y haré las cosas sin ganas, con apatía, por ejemplo, me vestiré con lo primero que coja, descuidando nuestra imagen. 

Si tengo miedo, la decisión que tomo será de quedarme paralizad@ o salir corriendo en la dirección contraria a la que me gustaría tomar. 

Si estoy con ansiedad, puede que le de un grito a la persona que más quiero Y que se ha puesto en mi camino. 
Cuándo me siento culpable: Mis decisiones dependerán más de lo que la otra persona quiera que de lo que yo mism@ considere.
Si estoy alegre: probablemente decidiré aquello más positivo y beneficioso para mi y para los demás. Esta decisión la disfrutaré mucho más y será seguramente más acertada. 
Quiero decir con esto, que debemos aprender a controlar nuestras emociones, porque ya hemos visto que intervienen decididamente en las elecciones que hacemos, y si se toman esas decisiones de manera impulsiva, podemos conseguir resultados nada gratificantes para nuestra vida y con consecuencias muy desfavorables.
Aprender a controlar nuestras emociones es una tarea muy difícil que requiere de gran esfuerzo y dedicación. La inteligencia emocional se encarga de ello, y nos enseña a identificarlas para poder controlarlas. 
Quiero destacar por otra parte la necesidad de tomar decisiones por si mism@. Cuando decidamos algo, intentaremos guiarnos por nuestro instinto, que difícilmente nos engañará. Si la opción que escogemos es la que la otra persona decide, nos equivocaremos por completo. Para ello os dejo un pequeño vídeo muy ilustrativo. “Dónde tus sueños te lleven”.
 

 

        NO OLVIDES QUE NADIE MEJOR QUE TÚ TOMARÁ LA DECISIÓN QUE MÁS LE CONVENGA. 

Os podría hablar del proceso de toma de decisiones que siempre he estudiado:  
  1. Define el problema
  2. Analizar el problema
  3. Evaluar las diferentes alternativas
  4. Elegir las alternativa
  5. Aplicar la decisión
Pero prefiero dar aquí algunas recomendaciones más cercanas y prácticas:

1. Encuentra en ti la razón por la que tomar esa decisión. No importa que sea buena o mala, lo importante es que sea tuya. 2. Analiza tu estado emocional, controla tus emociones y las decisiones que tomes te harán más feliz. 

3. No tengas miedo ante una decisión, lo que decidas no será para siempre, podrás cambiarlo siempre que tú desees. 

4. Sincerate contigo mism@, si quiero tomar una decisión, lo único que tengo que hacer es querer tomarla.

5. Se flexible. No importa que te equivoques, porque esa equivocación será tuya y por tanto en tus manos estará que quieres remediarla. 

6. Por último, actúa, quítate el miedo al decidir, es un hábito que cuanto más se practica mejor sale. Como andar en bicicleta.
No os perdais este vídeo, que aclara visualmente lo que he querido explicar con palabras. 

 
 
 
Por último, no olvides la frase siguiente: 
 
SIEMPRE ESTAMOS TOMANDO DECISIONES, 
NO TOMAR UNA DECISIÓN IMPLICA
QUE YA LA HAS TOMADO

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