HOSPITALES Y COMO SOBREVIVIR A LA INCERTIDUMBRE

SOBREVIVIR A LOS HOSPITALES
He pasado muchos momentos compartiendo tiempo, dolor, miedo, risas, rabia y alegrías en los hospitales con familiares, compañeros de habitación y de planta, y con profesionales de la sanidad.
 
Vivir como acompañante de algún ser querido en un hospital es la máxima expresión de las emociones descritas anteriormente. También supone la más grande de las incertidumbres. Cualquier persona que haya vivido esta situación puede con total seguridad dar cuenta de ello.
 
La vida en los hospitales debo abordarla desde muchos puntos de vista, aunque todos estén conectados entre sí y sean completamente interdependientes.
 
Voy a describir las siguientes partes que componen este entramado hospitalario, asociándolo como no a las emociones, así, lo analizo desde el punto de vista de:
 

1. La persona enferma.

2. La persona  acompañante.

3. El personal sanitario.

4. Las personas visitantes

 
1. LA PERSONA ENFERMA
 
Es este peldaño el más importante de toda la escalera, aunque muchas veces y en muchos ámbitos (por ejemplo políticos), no se tenga en cuenta.
 
Los pacientes son personas, con sentimientos y emociones fuertes.  El miedo unas veces, el dolor otras, el estado de ánimo, el desasosiego, la soledad…etc, generan un estado de indefensión inimaginable.
 
En estos momentos de hospitalización, la mera  sonrisa de un sanitario supone una alegría tan intensa que hace subir las endorfinas tan beneficiosas en estos momentos. El buen ánimo de toda persona enferma es requisito indispensable para una pronta recuperación. 

Si queréis leer más sobre las endorfinas os dejo el siguiente articulo de la revista REVERSE THERAPY
La persona hospitalizada necesita ante todo información veraz,  comprensible y continúa por parte de los profesionales que les atienden.
 
De ellos también demandan trato humano y personalizado, porque en muchas ocasiones se sienten números en lugar de personas.
 
Y de sus familiares quieren solo cariño, amor, compañía y comprensión. La tranquilidad del acompañante es la seguridad del paciente.
 
2. LA PERSONA ACOMPAÑANTE
 
La persona que acompaña vive en general con más miedo que el propio paciente, pues entre otras cosas no detecta la capacidad de aguantar el dolor de la persona a la que cuida. 
 
Hay que decir, que acompañantes hay de muchos tipos, unos más diligentes y espabilados, y otros menos. También existen los empáticos, estos viven a la par el dolor ajeno. Y luego están los otros, los que van a hacer “bulto” que perjudican más que benefician. 
 
Yo aquí quiero hablar de los colaboradores-empáticos.
Estos acompañantes no dejan pasar una ocasión para dar lo mejor de sí. Preguntan al personal sanitario con diligencia todas las dudas sobre la situación y cuidados que necesita el paciente, lo cuidan como si se cuidaran a ellos mismos. Les gusta estar bien aseados y arreglados, nada de ir desaliñado, pues el enfermo necesita ver buenas caras a su alrededor. 
 

Los acompañantes pasan gran incertidumbre y miedo mientras dura la hospitalización, porque a pesar de ser empáticos, no están en la camisa de la persona enferma, ni tienen los conocimientos del personal sanitario. De modo que se les ve por los pasillos del hospital, con cara acelerada, unas veces, lágrimas en los ojos otras, intentando dar todo el ánimo y energía a la persona a la que cuidan,  a pesar de que a ellos les faltan muchas veces las fuerzas para seguir allí, sentados en un sillón incómodo. 

Hay acompañantes que pasan tanto tiempo en el hospital que para ellos el simple hecho de ir a ducharse o comer algo caliente es todo un privilegio, pero nunca los verás quejarse delante del enfermo. Aquí, las mejores cuidadoras y más sacrificadas suelen ser las mujeres, no cabe duda de la carga cultural que aún llevamos encima. 

He podido conocer y convivir con mujeres de pueblos que no se han movido del lado de su marido en semanas, lavándose como pueden, durmiendo en el sillón, y comiendo el menú en el bar de al lado. Me encanta charlar con ellas en el hospital, son un gran entramado de sensaciones y emociones. 

 
3. EL PERSONAL SANITARIO
 
Como en todas las profesiones, hay profesionales buenos, malos y regulares. 
Aquellos que ponen alma en su trabajo, y aquellos que lo viven de una forma mecánica. 
 
A aquellos que ponen ilusión y voluntad en su trabajo, y que es vocación lo que sienten se les reconoce enseguida.

He tenido la oportunidad de hablar con algunas de ellas, y aquí voy a resumir lo que me han contado. De estas experiencias solo puedo nombrar las buenas atenciones recibidas y la profesionalidad de la planta de urología del hospital de Granada, que cada día nos sacan una sonrisa.

Me contaron, con ojos iluminados y sonrisa en la boca que  lo más bonito e importante de su profesión es el paciente. -“Cuándo entro por las puertas del hospital, pienso, ya estoy aquí, ahora a trabajar con mis pacientes y en ese momento me vengo arriba y me sale la sonrisilla de la boca, soy feliz aquí, me gusta mi trabajo”-. 

Que lo más importante para trabajar es dejarse los problemas en casa, y empatizar con los enfermos. -“Una cosa es la empatía y otra la simpatía-” Que hay que ser muy empáticos, ponerse el lugar de la persona a la que estás atendiendo. 

También hay enfermos y familiares muy quisquillosos y de trato difícil, lo que se llama “un mal paciente”, pero que cuándo recapacita, comprende que detrás de cada “mal paciente” hay una historia dura y oculta, entonces se da cuenta en seguida que son los que más empatía y atención necesitan. 
 

Otra profesional sanitaria me contaba que lo más importante en esta profesión es la vocación, porque se viven momentos mucha tensión y tristeza. 

Le pregunté a una sanitaria que esperaba del paciente y de los acompañantes, y me dijo que lo que necesitan es que se les tenga en consideración como profesionales, que sigan las prescripciones médicas, que confíen en ellas y hagan caso de sus tratamientos, comprensión por parte de acompañantes y pacientes. Ellas agradecen las preguntas y resolver dudas, que para eso están, porque de este modo se reduce la incertidumbre de todos. 

Tengo que decir, que afortunadamente he encontrado grandes profesionales, pero también y por desgracia, en otros tiempos de hospitales y en otros servicios, he encontrado al profesional que trata al enfermo como mera máquina y al acompañante se nos ha mirado con algo de desprecio, donde la humanidad se ha olvidado y se realizan las curas como si estuvieran tratando con ladrillos en lugar de con personas. A estos profesionales también se les reconoce rápidamente. Pero como me dijo una enfermera-“también tengo compañeros muy deshumanizados por el estrés y las malas experiencias, pero ellos también tienen una dura historia por detrás-“

Hubo una mujer sanitaria, que me dijo que era muy importante la meditación y el trabajo en autoestima y habilidades sociales para ellas, porque para hacer sentir bien a los demás, primero hay que estar bien consigo misma.   

Por otra parte no olvidemos que ellos también necesitan esa empatía y comprensión por parte de pacientes y acompañantes. Se carga con muchas emociones ajenas cuando se elige esta profesión.. y desde luego por muy profesionales y humanos que sean también tienen sentimientos y viven con emociones intensas la situación de cada paciente.

Colaborar con ellos, pedir asesoramiento y consejo y confiar en su criterio los hace sentirse mejor y de esta forma podrán también dar lo mejor de ellas.

Agradezco en este post al personal que tan bien nos ha tratado, desde muchos ámbitos hospitalarios. A mi me han enseñado mucho.

4. A LAS PERSONAS VISITANTES

Las visitas en un hospital son agradecidas por pacientes y familiares, proporcionan moral, reducen el miedo y la inseguridad, dan ánimo, generan bienestar a todos, reducen la soledad, traen noticias del mundo exterior y de tu entorno cercano, del que se prescinde en época de ingreso hospitalario. 

Ahora bien, como en todo, las visitas deben estar organizadas. Una persona está en el hospital por estar enfermo, no está de vacaciones. Hay momentos que no tienen fuerzas ni para escuchar su propia respiración y es ahí donde esa visita se vive de una forma estresante. 

Como en el resto de los ámbitos, tenemos al buen visitante, al malo y al regular. Al que viene, apoya y se va para no cansar al enfermo; el que se sienta en la silla del acompañante y no hay forma de que se vaya, aún cuándo el enfermo está dando grandes muestras de cansancio, y al que viene a desahogarse al hospital aprovechando que nadie puede salir corriendo y dejarlo con la palabra en la boca. 

Luego tenemos a los visitantes de los compañeros de habitación, a los que nos sabemos como hacerles comprender que la persona que hay al lado está muy enferma y no tiene ganas de que consuman todo el oxígeno de la habitación y hablen o griten o rían todos a la vez. Esto en algunos hospitales está muy controlado, hay otros en los que ese control es nulo. 

Aún así, más de dos visitas por paciente en una habitación no debería haber. No podemos olvidar que los pacientes necesitan respeto, intimidad, descanso y relajación para curarse. Además un elevado número de visitas también entorpece la labor de los profesionales. Por todo ello, cuándo visitemos a seres queridos, seamos prudentes, y pongámonos en su lugar. 

Por último, he leído artículos interesantes sobre la medicina alternativa y complementaria que comparto con vosotros.  
 
MEDICINA COMPLEMENTARIA/ ALTERNATIVA

¿Qué es la medicina complementaria y alternativa?

explica como se van introduciendo este tipo de terapias en hospitales de la seguridad social. 

Estamos aproximándonos cada vez más a este tipo de tratamientos, está recogido en éste artículo de LA VANGUARDIA/ SALUD
MEDITAR PARA SANAR. EL CORREO, nos ofrece un artículo muy interesante que evidencian que MEDITAR provoca efectos muy positivos sobre enfermedades físicas.  

ECOPORTATL.NET nos da una explicación sobre el REIKI que ahora tiene una explicación científica. Los efectos beneficiosos de las manos del terapeuta en el estado físico del cuerpo y mente. 

Dos hospitales públicos aplican terapias de sanación con las Manos: 

– Hospital 12 de Octubre
– Hospital Ramón y Cajal.


Termino este post dando luz y esperanza a todas aquellas personas que están hospitalizadas, porque aún teniendo todos los elementos anteriores de su parte, el sentimiento y el miedo que pasan allí dentro es algo que solo ellos saben.

4s comentarios

  1. Yo creo que en éste sentido lo principal es la empatía, tanto de los sanitarios, como de los cuidadores como de los enfermos, ponerse en la piel del otro, es algo principal para sobrellevar éstas cosas, que tarde o tempranos nos han de tocar, o personalmente o como acompañantes.

    Un besito!

    1. Ana, gracias por tu comentario, la verdad que es muy importante ponerse en los zapatos del otro, porque en algún momento nos veremos en diversas situaciones como las que se describen en éste post.

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